Cuento: "El trabajo en equipo"
Un zorro, una ardilla y un pájaro carpintero iban paseando
tranquilamente por el bosque, hablando y canturreando, pues eran muy buenos
amigos. Esa mañana habían decidido alejarse un poco de sus casas y explorar
sitios nuevos en aquel magnífico lugar. Atravesaron hermosas cascadas,
frondosos montes e inmensas llanuras en su afán por aventurarse y descubrir los
paisajes que les rodean.
Eran pequeños, y estaban acostumbrados a recibir la comida
de sus padres, por lo que cuando llegó el mediodía, y por tanto, la hora de
comer, surgió un gran problema.


-“Tengo mucha hambre” dijo la ardilla.
-“¡Yo también!” exclamó el zorro.
-“Debemos encontrar algo para comer” sugirió el pájaro
carpintero.
Nunca se habían visto en la situación de buscar comida por
ellos mismos, por lo que no sabían como actuar. La llanura en la que se
encontraban era bastante árida y no eran capaces de visualizar ningún insecto o
fruto que llevarse a la boca.
La ardilla y el pájaro parecían dispuestos a rendirse.
-“No hay nada que podamos comer” lamentó el pájaro
carpintero.
-“Me muero de hambre” repetía una y otra vez la ardilla, dejándose
caer en el suelo.
El zorro, en un momento de lucidez, tuvo una brillante idea
y enunció:
-“La naturaleza me ha concedido un gran olfato. Quizás si
hago uso de esta habilidad podré detectar donde hay comida cerca.”
-“¡Qué gran idea!” exclamaron alegres los otros dos
animales.
De esta manera, en zorro comenzó a olfatear el suelo, el
aire y todo lo que le rodeba, y caminó decidido hacia un árbol que se
encontraba en la lejanía de aquel extenso prado.
La ardilla y el pájaro le siguieron sin decir palabra, pues
confiaban en el poder de rastreo que poseía su amigo.

Una vez llegaron al árbol, el zorro exclamó:
-“¡Mirad, ahí está!”
Y efectivamente, en lo alto de aquel gran árbol, escondida
entre las ramas, se encontraba una de las manzanas más grandes y rojas que esos
pequeños animales habían visto jamás.

-“Pero está muy alta…” dijo el zorro con un triste tono de
voz.
-“Eso no es problema” dijo el pájaro carpintero de manera
instantánea y comenzó a revolotear alrededor de la copa del árbol, intentando
alcanzar la manzana.
Las ramas de aquel manzano eran extremadamente frondosas y
el pájaro no era capaz de introducirse dentro, puesto que no había espacio
suficiente para agitar las alas con soltura.
-“¡Yo lo intentaré! La naturaleza me ha otorgado la
capacidad de escalar árboles y correr por troncos casi verticales. Es pan
comido para mí.” dijo la ardilla confiada.
Se dispuso a escalar aquel árbol, pero en el momento que
puso sus patas sobre su corteza, resbaló. Volvió a intentarlo incontables veces,
pero siempre se caía.
-“Es imposible, el tronco está tan mojado por la lluvia que
mis patas no pueden agarrarse.” dijo la ardilla decepcionada.
-“No habrá manera de llegar a esa deliciosa manzana” se
lamentó el zorro.
-“Se me ocurre una cosa.” dijo el pájaro carpintero en un
arranque de inspiración.
-“¿Qué pretendes hacer?” preguntó el zorro.
-“La naturaleza me ha capacitado para perforar los árboles
con mi fuerte y robusto pico, así que haré agujeros en el árbol para que
nuestra amiga la ardilla pueda trepar por ellos.” comentó el pájaro.
-“¡Es una gran idea!” dijo la ardilla entusiasmada.

De un momento a otro, el pequeño pájaro carpintero ya había hecho
agujeros por todo el tronco, que la ardilla usaría a modo de peldaños para
llegar a la parte alta del árbol.
-“¿Qué te parece?” le preguntó el pajarillo a la ardilla.
-“¡Es genial!” respondió la ardilla sorprendida por la valía
de su amigo el pájaro.
A toda velocidad, comenzó a escalar por aquel tronco,
metiendo un pie en cada uno de los huecos, como si fuese una escalera
improvisada.

En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en la copa del árbol,
abriéndose paso entre las finas rimas. Cuando llegó por fin a la manzana que
tanto ansiaba, no pudo contener las gotas de saliva que se le escapaban debido
a las ganas que tenía de hincarle el diente a aquella apetecible fruta.
-“¡Ahí va!” gritó la ardilla mientras empujaba la manzana
del árbol.
Una vez cayó sobre la mullida hierba, todos los animales se
acercaron a ella como si de un tesoro se tratase.
A la hora de empezar a comerla, el zorro dijo:
-“Tú debes comer más, ardilla, puesto que has sido tú quién
la ha conseguido bajar del árbol”
A lo que la ardilla contestó:
-“Nadie debe comer más que nadie. Yo no podría haber llegado
hasta ella si nuestro amigo pájaro no hubiese picado el árbol para hacer esos
pequeños escalones. Al mismo tiempo que esto no hubiera sucedido si tú, zorro,
no hubieses encontrado este árbol al olisquear la manzana.”
-“Tienes razón.” concluyeron tanto el pájaro como el zorro.
-“¡Pues a comer!” exclamó la ardilla.
Los tres animales se dieron un festín con aquella grande y
jugosa manzana y saciaron así el hambre que tenían. No solo disfrutaron de
aquella comida, sino que también aprendieron una valiosa lección: todo en esta
vida se consigue de forma más fácil si se trabaja en equipo. Cada individuo
tiene algo diferente que aportar al grupo y puede ser mejor en algo específico.
Es trabajando con compañeros y colaborando como se consiguen las cosas más
grandes.
Tanto la ardilla como el pájaro y el zorro aprendieron esta
importante lección, la cual podrán aplicar a muchas otras situaciones de sus
vidas.
Cuando volvieron a casa, sus padres les felicitaron por su hazaña
y por su gran trabajo.
Comentarios
Publicar un comentario